
Las matemáticas sostienen a las ciencias. Bajando a las profundidades de los anfiteatros y las morgues donde los médicos dan la cara ante la futilidad de nuestras carnes, es necesario profundizar para encontrar un componente principal de la corteza frontal detrás de las ciencias médicas: los modelos matemáticos. Están en los libros de fisiología, describiendo mediante fórmulas el paso de la sangre por cada vaso y el tiempo que le lleva hacerlo, la velocidad a la que los riñones se deshacen del material sobrante o incluso la cantidad de energía necesaria para despolarizar una membrana, llevar de la mano esta señal hasta el cerebro y que dé la orden de cambiar aquel foco del baño que ya no sirve.1 Está también en los cuestionarios y clasificaciones que publican las asociaciones médicas de vanguardia médica en el mundo médico, sencillos para aplicar pero que encierran en el pasado una labor ardua y desgastante de cálculos y más cálculos. Detrás de las dosis que nos piden memorizar, en las guías que debemos seguir y por supuesto que en los avances de la biología celular y molecular que sustentan cada hallazgo impresionante, digno de Lancet o el Niu Inglan*, está uno o más —generalmente más— matemáticos lidiando con las limitaciones de representar un entorno absolutamente caótico con letras y números.
Dentro de un espacio cerrado, en plena contingencia sanitaria en proceso de fusión con el modo de vida previo, la importancia es aún más evidente. Las decisiones sobre el SARS-CoV-2, el esquivo y siempre cambiante coronavirus, están basadas en su infectividad, su virulencia, su modo de transmisión o incluso la manera en la que la gente vive su vida en el momento en que este virus se lanza contra sus mascarillas.
Todas estas características únicas se toman en cuenta para generar modelos. Podemos entenderlos como una representación conceptual del comportamiento de un objeto o un sistema de objeto2. En otras palabras, es utilizar las matemáticas para explicar nuestro mundo de una manera más detallada y precisa, tal y como una maqueta de volcán que erupciona con el inmenso poder del vinagre y el bicarbonato de sodio no es un volcán realmente, pero lo representa usando cartón, pegamento y plastilina.
Los modelos matemáticos no se limitan a explicar. Su estructura, basada en variables y constantes, puede adaptarse para intentar predecir el comportamiento de fenómenos tan generales como la economía global, las interacciones entre las especies que viven en el Amazonas o, por supuesto, las epidemias y pandemias. La extensión del modelo depende de la complejidad del fenómeno. Mientras más complejo sea el fenómeno, más complejo será el modelo.
Los microorganismos, diseminados hasta el pliegue más bochornoso de la corteza terrestre, son sujetos fantásticos para este tipo de intervenciones: de todos tipos, tamaños y formas, incontables y omnipresentes. Parásitos, hongos, virus, bacterias e incluso los intrigantes priones, convivimos con ellos. Son inevitables,3 dijo alguna vez un visionario ser morado. Las especies de microorganismos capaces de hacernos daño reciben el cariñoso apodo de patógenos. A veces les da por infectar personas y, más de vez en cuando, por poner en riesgo la estabilidad del sistema socioeconómico mundial. Alguien tuvo, en algún momento, la idea de invertir energía para evitarlo, puesto que sucumbir ante una pandemia podría ser una mala jugada.
Para enfrentar la amenaza fantasma, los epidemiólogos usan modelos matemáticos. Existen bacterias que infectan rápido y se van rápido; existen las que tardan en aparecer y se mantienen latentes; otras tardan, pero se quedan toda la vida. Una vez que el microorganismo y la enfermedad que causan han sido estudiados a profundidad, nuevos modelos matemáticos dictarán la pauta para tratarlos, ya sea por aislamiento, por medio de vacunas y fármacos, o matando al perro y acabando la rabia –la última sin contar a los humanos, esa es una mala jugada–.
Es imposible predecir con una precisión del 100% los siguientes movimientos de infecciones como la causante del COVID-19. Los modelos matemáticos son imperfectos y, conceptualmente, lo serán siempre. Las variables, esos datos a tomar en cuenta, son incontables. Parte de la chamba es discernir cuáles son las más relevantes para que el modelo posea las tres cualidades trascendentales: un modelo matemático debe describir el fenómeno de manera detallada y exhaustiva, debe ser claro y sencillo de entender y debe ser suficientemente flexible como para ser adaptado a distintas situaciones. Precisión, transparencia y flexibilidad. De acuerdo a la situación, será el modelo. No obstante, como en la escuela, eso lo vemos mañana.
Si eres un epidemiólogo listo para enfrentarse a una pandemia, los modelos serán tus mejores aliados. Sería excelente que los conocieras bien. Si lo que te pidió tu directora es enseñar a las futuras generaciones cómo se comportaba un coronavirus, puedes llamar a un amigo matemático y pagarle lo necesario para obtener un modelo un tanto más sencillo, o puedes usar este trampolín hacia tierras inexploradas y comenzar a aprender. Esto no es más que un pequeño impulso.
Nuestra memoria es limitada. Nuestra capacidad de procesamiento es limitada. Ante estas limitaciones, los modelos matemáticos son herramientas ideales para progresar nuestra comprensión de un mundo complejo, un cosmos sublime y efímero.
Si deseas aprender más sobre los modelos matemáticos, lee nuestro siguiente post:
Modelos: reduciendo la brecha entre la medicina y las matemáticas
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Un modelo que SIRve
Está claro que Arenita conoce de epidemiología. En el capítulo 31B de la segunda temporada de la célebre serie animada Bob Esponja, esta ardilla científica texana es víctima de las bromas de toda la ciudad después de una noche de comedia en la que el protagonista la usó como material para sus chistes. No pasaron…
- Boron WF, Boulpaep EL. Fisiología médica. 3ra ed. Philadelphia, PA: Elsevier – Health Sciences Division; 2016.
- Keeling MJ, Rohani P. Modeling infectious diseases in humans and animals. Princeton: Princeton University Press; 2008.
- Russo A, Russo J. Avengers: Endgame. Walt Disney Studios Motion Pictures; 2019.
Autores: Daniel A. Murillo, Ricardo González y Gener Aviles-R




